El manifestómetro es una de las mejores y más recientes muestras pátrias de la verdadera potencia que tiene la blogsfera como ‘aclarador’ de la actualidad, centrándose en su caso en las ‘anomalías aritméticas’ que siempre se han producido en nuestra democracia.

Según podemos ver y oír hoy en los medios, la Comunidad de Madrid dio como cifra de asistentes a la manifestacion Contra Zapatero contra la negociación con ETA, la de un millón cuatrocientas mil. La AVT (Asociación de Víctimas del Terrorismo), como buena organizadora, dice que nanay, que un millón setecientas mil; y la policía nacional (useasé, Moncloa) algo más de cien mil.

La comunidad de Madrid (gobernada por el PP) no ha dado información sobre cómo hizo los cálculos. La AVT argumenta que fue con información de su ’servicio de seguridad’, y un portavoz de la policía para estos menesteres ha explicado con fotos, vídeos y esquemas cómo calculan esa cifra. El método seguido por ellos es el que podríamos llamar ‘de sentido común’: información aérea, cálculo de superficie total, número máximo de ocupantes por metro cuadrado, y la aritmética de toda la vida.

Según el Magnífico trabajo de los chicos de ‘El manifestómetro’, poniéndonos en el mejor de los casos, esto es, llenando cada metro cuadrado con cinco personas (tomando en cuenta que llovía, y viendo las fotos realizadas por ellos y por la policía, ya es ser muy generoso) nos sale la nada despreciable cifra de 274.675 personas, homosapiens arriba homosapiens abajo.

Viendo esta imagen aérea con la superficie total ocupada por la manifestación deducimos:

Hay que echarle mucho arte para pretender haber ocupado casi seis veces más superficie que ésa (despreciando el absurdo de meter más de treinta personas por metro cuadrado).

¿Qué podemos sacar de esto ? Pues que podemos confirmar lo que ya se suponía de forma manifiesta, es decir: los organizadores hinchan y los ‘receptores’ de la manifestación reducen.

Pero hay una conclusión mucho más importante, y es que el frotar se va a acabar. Vietnam supuso (a mi modestísimo ver) el final de las guerras que no importan un pimiento porque ocurren lejos.

De la misma forma, proyectos como ‘El manifestómetro’ marcan un antes y un después en las afirmaciones gratuitas. Tenemos las herramientas, tenemos el conocimiento para usarlas, y sobre todo, la mala leche para no dejar pasar ni una.

Seguramente, la próxima vez los organizadores se lo pensarán mejor antes de soltar una cifra de asistentes seis veces superior a lo razonablemente posible. O al contrario, en el caso del gobierno que sea ‘receptor’ de la manifestación; que en este caso parezca no haberse pasado mucho no quiere decir que eso sea así en el futuro, claro.

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