Desde niño he tenido la habilidad (no se si virtuosa o pedante) de memorizar frases de películas que me gustó ver. Así, todos los que me conocen saben que suelo explicarme (no se si bien, o como el culo) apoyándome a menudo en esas citas.

Desde hace un par de meses me venía a la cabeza de forma periódica una en concreto, y en la última semana ya era un contínuo. La cita era más o menos así:

“Quiero un recuento, y me da igual el resultado; ¡yo quiero mi empleo!”

La película es esa maravilla del tan incomprendido director Verhoeven, titulada Robocop. La frase es pronunciada por un concejal (recién cesado por un resultado electoral) que tenía de rehenes al alcalde y a nosecuantos más, y el bueno de robo finalizaba el secuestro a base de técnicas modernas de negociacion, uséase: atravesar la pared con el brazo, para agarrar al concejal del pescuezo y tal y tal. Sutileza en estado puro, oiga.

Y ustedes dirán, aquellos que soporten leerme: “¿A qué **** viene eso?” Pues viene a que esa frase, y esa situación, se han dado de forma notoria dos veces. Una desde hace ya dos años, y otra desde hace una semana.

La más reciente es, evidentemente, el caso Berlusconi. ¿Que ha ganado la coalición de centro-izquierda? Me da igual, digo que nadie ha ganado porque hay poca diferencia de votos (Aunque yo mismo reformase la ley, para que ganar por pocos votos implicase chorrocientos diputados más). ¿Que el senado con los votos emigrantes no me da mi anhelado bloqueo institucional? Pues nada, digo que hay tongo en chorrocientasmil papeletas. ¿Que al final el posible tongo, está en cuatro papeletas y media, insuficiente para darme alguna salida a lo que ya todo el primer mundo (salvo Blair y Bush, esas cosas que pasan) da por una victoria del adversario? Pues nada, yo insisto en que hay que o repetir las elecciones, o formar el gobierno de coalición (salvación nacional, se le llama a veces) que propuse casi al principio.

La cosa es que en esa última idea, que podría ser razonablemente planteable con unos resultados como esos (claro que la política italiana parece que ‘es asín’, como el fútbol, y si uno se dedica a reformar leyes electorales para perpetuarse en el gobierno, luego no puede tener las ** de querer parchear la consecuencia de su propia reforma). Todo esto quizás fuese más fácil si Berlusconi dijera, como en Asterix y el regalo del césar‘: “Poción mágia, pero no para mi, sino para fulanito”. Es decir: gobierno de coalición y tal y tal, pero como yo ya he estado unos cuantos añitos en la poltrona, cojo y me voy a mi casa, por el futuro del país y todo eso.

El tío ganaría, aparte de mi respeto (bueno, un poquitín del mismo), algo para poner en una de las balanzas (la otra lleva años con suministro continuado de todo tipo de barbaridades antidemocráticas) para su imagen en la historia y tal. Sin embargo, me da que eso no lo ha planteado en ningún momento. ¿Ven ustedes el patrón?

‘Me da igual el resultado, ¡Yo quiero mi empleo!’. Como sea. Enmierdando lo que sea. Si hace falta, negando la limpieza del proceso electoral que yo mismo he forjado a mis conveniencias y he organizado desde el gobierno. Llamando coglioni a los que no me votan. Con dos eggs, como debe de ser.

Lo último que leo hoy es que en la coalición de centro-izquierda no las tienen todas consigo, y que uno de los líderes de dicha coalición, que al parecer es como el Guerra, pero cuando tenía mala leche, ya está preparando el “suave” desplome de las opciones de Prodi.

Cierto es que el tinglado electoral que hay montado allí da para tirar de la situación como se pueda, y convocar elecciones pronto como salida probablemente más razonable. Y más cierto es que Berlusconi debería de salir del escenario, después de tanta cartita a medios, tanto llamar a pucherazos y demás y tanta tontería.

Antes dije que la frase de esa peli llevaba tiempo rondandome. La otra situación que me la ha estado trayendo a la cabeza periódicamente es, como alguno podrá imaginarse, el posicionamiento de cierto sector político de éste país, desde el 14-M.

El planteamiento es el mismo, pero sin tanta chabacaneria y tanta prisa. Bueno, en realidad de chabacanería si tenemos de sobra, pero lo de los tiempos parece que sí se lleva mejor. Aquí consiguieron aguantar un par de días antes de que cierto desequilibrado mental, por lo de la fijación obsesiva y las alucinaciones conspiranoicas, no vayan a pensar mal, de cierta cadena de radio, se pusiera a vincular al PSOE con el atentado del 11-M. Pero no una vinculación del tipo ‘ganaron las elecciones gracias a las bombas’, cosa que podríamos discutir… no hombre, una vinculación del tipo ‘Estos malnacidos rojos de mierda fueron los que prepararon el atentado para robarme mi posibilidad de arreglar Eeeeespaña destruir la patria, facilitar el golpe de estado de los gays y los separatistas’, y por el estilo.

Espero que vean como yo el patrón. Cuando Zapatero cometió una blasfemia política (cumplir una promesa electoral) retirando las tropas de Irak, los de derechas criticaron (lo cual es normal, ya expresaron su opinión al respecto los últimos ocho años), y lo que es mejor, los ‘apolíticos’ criticaron que Zapatero cumpliese algo que dijo en campaña y antes de la misma (doy fe, una persona, para mi gusto inteligente, me contestó en su momento: “joer, para una vez que convenía que no cumpliese lo que dijo…”). A los pocos días (sí, he dicho “días”) de la toma de posesión de cargos, ministerios y demás, ya circulaba por Internet una lista de ‘incumplimientos’ del actual gobierno, sospechosamente parecida a la que usaban ya algunos comisarios políticos articulistas de posicionamiento conservador. Incumplimientos del tipo “aún no se ha nombrado al secretario para la potenciación del cultivo del alga azul”, y similares. A la vez, desde patriotas digitales INC. (¿Alguien sabe qué pasó con su salida a bolsa?) se hablaba del mito de los 100 días de gracia. Es curioso: durante 8 años (y probablemente también antes, con Felipe González en el poder) ese “mito” tuvo plena vigencia. Sin embargo, en 2004 ya no. Aquí, ni 100 días, ni 24 horas. Queremos machacar ya. Queremos hacer sangre ya. Queremos un recuento y me da igual el resultado, ¡yo quiero mi empleo!.

Y el asunto no se calmó conforme pasaban los meses, no vayan a imaginarse. Por un lado, que España se rompe, que se está haciendo una reforma encubierta de la constitución (cosa imposible según el ordenamiento legal, mireusté) y que habría que hacerla por el procedimiento estándar (Convocando elecciones… ¿Qué casualidad, eh ? A hacer otro recuento!). Y por otro, el 11-M, “la revancha”. Ahora tocaba demostrar, como fuese, que ellos tuvieron razón, que ETA tuvo que ver. Se probó estableciendo relaciones con coincidencias de penitenciaría entre uno y otro , entre un ‘moromierda’ y un ‘vascoasqueroso‘. Se probó manteniendo sobre eso de ‘es que es el mismo explosivo, así que tuvieron que ser los mismos malditos vascos’. Luego, con aquel aforismo ya para la eternidad, pronunciado por un ex-presidente metido a anti-embajador de su país (esto es, yendo por el mundo puteando a su patria). Ya saben, aquello de las montañas y los desiertos.

Por pelotas. Tienen que haber sido ellos por pelotas; y si el juez no va por donde queremos nosotros, entonces es que está equivocado, o algo peor; pagado por el oro de Moscú. Y “de mientras”, desde nuestra ala derecha, don Fedeguico pasa de las presunciones de inocencia y de las pruebas. Han sido ellos, Por pelotas, porque sí, y porque lo digo yo, que para eso soy el que soy (¿ A que molan mis referencias biblico-cinéfilas ?). Y así, durante dos años, sin parar. ‘Queremos saber quién fue’. ‘Queremos que se investigue hasta el final’. Queremos un recuento, y no me importa el resultado; ¡yo quiero mi poltrona!.

En programación informática, existe el principio de que uno sabe que ya no hay errores en el programa cuando se cansa de buscar más. En esto, se podría aplicar más o menos lo mismo: Ellos se cansarán de pedir ‘que se investigue hasta el final’ cuando salga algo que les permita ponerles como los buenos. Desde lo del eje del mal, todo se simplifica por polarización.

Que nadie me malentienda, por favor: que el juez investigue todo lo que haga falta, hasta donde alcance a llegar, y que trinque a todos los que tengan que ser trincados. Pero eso es un tema, y esperar que una comisión parlamentaria se mantenga abierta indefinidamente, es otro muy distinta.

Durante todo este tiempo, cierto periódico y cierta emisora de radio han estado centrando su trabajo en este tema en cierta tendencia de opinión. Para apoyar ciertas teorías conspiranoico-alucinatorias, no se ha dudado en dar por ciertos testimonios de encausados y de convictos; en retorcer el significado de pruebas; en, ya en el caso de D. Fedeguico, construir castillos de naipes sobre fantasías convertidas en hechos incuestionables.

Uno de los episodios más graciosos sobre ésto tuvo lugar hace poco. Ya saben, aquello de la mochila que no reconoció el policía. Si uno fuese cauto, serio, y razonable, diría: “vamos a ver la explicación de esta película, y “de mientras” vamos afilando las hachas”. Pero no: era un bocado muy bueno. Demasiado bueno incluso, no se si me entienden. Demasiado apetecible. Ahí estaba el jamón del sumario ‘antiespañol’. Bastaba clavar a fondo y todo saltaba por los aires. Y a pedir recuentos, que yo quiero mi empleo.

El inspector que custodió los objetos en El Pozo no identifica ante el juez la ‘mochila de Vallecas’ Y por cierto, porque tiene su gracia: el mismo periódico ya dice que ese funcionario ya avisó de que todo el procedimiento podía estar invalidado por la mochilita de marras.

Ya está, ya lo tenemos: queremos que se desmonte todo. Queremos que se borre todo. Queremos que se reinicie todo. Y pase lo que pase, queremos que se nos de la razón.

Pero oiga, que no… que resulta que por error (y a mi que me da que alguno en la audiencia estaba ya cansado de tanto juicio paralelo) se enseñó al inspector una mochila que no era la mochila, sino otra mochila. Toma ya. Agarraos que vienen los franceses, que diría Alatriste.

Y así, ad nauseam. Añadan unas cuantas cosas más, algunos avisos de apocalipsis, algunas “gracietas” del de jorgetaum, unas cuantas manifestaciones de esos que nunca se manifestaban (me dijo en su momento un católico activista, para luego negarlo unos cuantos meses después) y por el estilo.

Queremos que se vuelva al 14. Queremos que se vote de nuevo. Y nos importa una mierda el resultado; nosotros queremos nuestro empleo.

Berlusconi al menos lo muestra abiertamente. Al menos.

Actualización: da gusto saber que profesionales de la talla de Martínez Soler coincidan en relación de temas y, más o menos en la opinión. ¡Dentro de poco sabré hasta escribir y todo!

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