Zapatero es tonto. O quizás más bien, es idiota.
Por favor, que nadie me malentienda: no lo digo como insulto, sino como apelativo. De hecho, coincido plenamente con algunas de esas expresiones que le han dirigido desde el otro lado del túnel del tiempo (ya saben: Pedro jota Ramírez, Losantos…), aunque ellos sí lo hayan utilizado como desprecio hacia el presidente del gobierno.
Intentaré explicarme. Desde el principio, cuando asumió la secretaría general del PSOE y el liderazgo de la oposición en España, Zapatero dejó claro que el no iba a hacer política al uso. Apenas se sentó en la silla de mando en Ferraz, soltó dos bombas lacrimógenas en el entorno político: dos pactos con el gobierno. Así, sin avisar ni nada.
Por supuesto que el gobierno del PP con mayoría absoluta aprovechó la ocasión. Si consiguieron hacerlo con Borrel, lo podrían repetir con éste ‘tontito’. “¿ Pacto de estado para no usar el terrorismo de ETA como arma electoral ? hay que ser tontolaba.” Porque en efecto, ese pacto con el que tanto se llenan la boca ahora en la derecha, ese documento apostolar, sagrado, y ungido por el altísimo, ese texto (y la interpretación que le sale de los testículos a los pensadores de derechas de éste país nuestro, claro) del cual nadie debe moverse ni un milímetro, fue propuesto por Zapatero, inicialmente ridiculizado por el PP, y que luego se intentó instrumentalizar cuando las encuestas de mercado dirían, supongo yo, que podía tener algún beneficio para el gobierno.
lo repitió otra vez con un pacto sobre el modelo territorial, creo recordar. También hizo bastante el idiota respaldando pública, explícita y completamente al gobierno en cuestiones como el incidente Perejil y similares. En el PSOE no sabíamos si poner cara de idiotas o revisar su ficha de militante a ver si era un submarino del gobierno. No lo entendíamos: la política de oposición en este país, de toda la vida, se hace destripando al contrario hasta que no le quede apenas aliento, para luego proceder a su crucifixión final. Pedrojota nos lo enseñó en los noventa, cuando sacaba titulares sin cribar los que tenían base de los que no. Aznar dio una gran lección de cómo se hace camino hacia La Moncloa: criticando la política antiterrorista del gobierno al mismo término del funeral de Paco Tomás y Valiente. Él sí que sabía.
Y la cosa es que Zapatero, aún provocando la risa en sus oponentes, y el desconcierto, cuando no la hostilidad entre sus propias filas, llegó a las elecciones de 2004 con unas esperanzas razonablemente fundadas. A unos ocho o diez días de las elecciones, el PP y el PSOE estaban muy parejos en las encuestas: pero en las de verdad. Confío en que a nadie se le escape que las encuestas de los sigma-2, Instituto Opina y similares suponen únicamente un arma electoral más; y que por supuesto, los partidos manejan otras encuestas, con una base muchísimo más sólida; y esas encuestas decían que la cosa iba a estar al aire para todos. El 11-M contribuyó a inclinar la balanza con total seguridad, pero llevando a votar a los que no pensaban ir y no cambiando votos, como intentan hacer creer algunos periodistas. Yo estuve el 14 en una mesa, y vi gente votando que casi nunca había ido anteriormente. Y con las cifras se puede confirmar: el PSOE gana más votos de los que pierde el PP. así que de ‘cambio de voto’, nones.
Cuando Zapatero llega a la Moncloa, soprendiendo a propios y extraños, vuelve a rizar el rizo en sus formas y haceres. En lugar de hacer como los buenos estadistas, esto es, chulear de categoría criticando lo cutre que es la residencia del presidente del gobierno, le da por hacer más el tonto. Y empieza cumpliendo sus promesas electorales. Que hay que ser idiota, coño: lo que hay que hacer cuando se llega al poder es colocar presidentes de compañías privatizadas de tu grupo de colegas, joder. Y le da al niño por decir que se trae a las tropas de Irak, como prometió a sus votantes, y que además lo hace antes de cuando dijo que lo haría porque (esto es una especulación mía, pero tendría sentido) cuando empieza a ver papeles y enterarse de cómo anda el asunto en nuestra plaza, decide que mejor que le tilden de cobarde a tener a sus tropas sitiadas. En efecto, poco tiempo después, nuestra antigua zona de control recibe la del pulpo de la resistencia irakí. Es lo que tiene ser tonto, que haces tonterías.
Y a partir de ese día todo ha sido un despropósito. En lugar de negociar en “secreto” con el movimiento de liberación vasco, como siempre se ha hecho, al muy gilip[CENSURADO] le da por notificar al parlamento, dar los detalles que puedan hacerse públicos en el momento, garantías de hasta dónde piensa llegar (aunque a algunos payasos de cierta prensa esas garantías les importe un huevo, porque lo que cuenta es la audiencia). En vez de hacer un par de pactos de legislatura, regalar a, digamos por decir alguien, CIU lo que les de la gana para que te apoyen tus votaciones, y luego hacer lo que te salga de ahí, te pones a intentar razonar todas las cosas. En vez de hacer lo que te pide el cuerpo, esto es, meterle mano a esa broma de que el Vaticano siga captando clientes en las escuelas públicas, y de paso revisar el cachondeo fiscal de la empresa católica en éste país, intentas razonar con los Obispos.
Y encima, aguantas que te llamen asesino, colaborador con terroristas, traidor a la patria, destruyenaciones, guerracivilista, golpista, ladrón, despilfarrador, y sigues a lo tuyo. Otros pedían a directivos de antena 3 que se pensasen su retiro, y él se empeña en explicar las cosas. Decididamente, tiene que ser tonto. Lo que mola es poner los pies encima de la mesa con Bush mientras tus presidentes de compañías recién privatizadas van ‘cultivándote’ el mercado; preparar proyectos legislativos contra la violencia hacia las mujeres o la discriminación a los homosexuales y transexuales es de mindundis.
Y es que no se entera. Porque ojo: que los ciudadanos le pidan cuentas y exijan y tal, y le critiquen, a él o a sus ministros, es totalmente lícito y correcto, porque para eso le pagan (máxime cuando también se critica a los del otro lado del túnel del tiempo). Pero hay que ser tonto para soportar sin sacar los trapos sucios a los que hasta hace dos años y pico hacían lo mismo que ahora critican, o en ocasiones cosas incluso peores, con la chulería de la mayoría absoluta. Ya saben: “Había un problema, y lo hemos solucionado”.
Pues eso. Que con sus defectos, que los tiene, y errores, que también los tiene y a patadas, como el que más, Zapatero es tonto por intentar llevar funcionamientos democráticos a todos los niveles.