En Galaxias como granos de arena, un gran libro por cierto, Brian Aldiss hace poesía Ci-Fi sobre lo que podría ser nuestro futuro (pero eso si, de miles en miles de años): y en su segundo capítulo/pasaje presenta una nueva profesión: el psicovitalizador.

Resumido en pocas palabras: en un futuro post-nuclear, los pocos supervivientes que quedan han perdido el impulso instintivo de la especie. Es por ello que existen los psicovitalizadores, profesionales de la manipulación psicológica encargados de aplicar refuerzos de odio a sus clientes. Por ejemplo: un comerciante tiene una reunión con unos proveedores para negociar precios. Pues el tipo llama a su psicovitalizador para que lo visite y lo cabree sobremanera a base de insultos y chulerías, a fin de estar suficientemente “calentito” para la reunión. Lo mejor que le puede pasar al psicovitalizador según el narrador, es que lo despidan: eso quiere decir que ha cumplido con su trabajo magníficamente. Y que por supuesto, será contratado de nuevo.

Yo hago lo mismo de vez en cuando con Jiménez Losantos y la COPE en general. Cuando tengo que ir muy de mañana a atender algún problema de trabajo, una emergencia, o alguna operación complicada, y como es de esperar voy medio dormido, sintonizo la COPE en la radio por unos 20 minutos, que es lo que suelo tardar en llegar a mi destino. Y no falla: nada más la pongo, comienzo a desperezarme; cuando lo oigo hacer esos chistes de mal gusto, insultando a todo el que le da la gana, y soltando mentiras a diestra y siniestra, comienzo a notar como me voy cabreando. Es como tener una conversación sobre moralidad con Hannibal Lecter después de saber que se ha comido a tu madre, tu hermana y tu perro.

De la misma forma, cuando uno oye a don Federico usar términos preconstitucionales (uséase, franquistas) como “las vascongadas”, decir mentiras una tras otra para que sus becarios tengan luego que leer las fe de erratas para ahorrarle a el semejante indignidad, y otras barbaridades por el estilo, a uno le gustaría tener unas horitas a Don Federico, porque en la COPE chulean a la familia, los muertos y la casta de quien les da la gana, pero entre ellos se respetan, faltaría más Don Federico, no se me amilane Don César, que los tenemos ya ahí, Madrid es nuestro y todo eso. Como decía, a uno le dan ganas de trincar a Fede en una habitación cerrada, sin público que le ría las soplapolleces, y tener un debate intelectual de verdad, sin que tus ‘compañeros de conversación’ se clasifiquen en derecha, muy derecha, liberal de la vieja escuela y fascista de guión; porque las encuestas en Libertad Digital SA solo admiten respuestas de si, ya lo creo, por supuesto, y claro clarinete, o todo lo contrario según interese al director.

En consecuencia, “don” federiquín I el cortito (si él hace gracias con los nombres, como aquello de “rovireche”, los demás también podemos) no es un periodista. Ni siquiera un generador de opinión. Federiquín I el cortito es un instigador de ODIO. Un periodista y el medio donde trabaja pueden cojear de un pie más que de otro; pueden incluso dedicarse a la ingeniería electoral, es decir, a intentar ganar elecciones a posteriori. Lo que nunca deberían hacer es sembrar el odio entre los que les presten atención. Las consecuencias pueden sobrepasar todo lo imaginable por todas las partes.

Aunque eso sí: como psicovitalizadores no tienen precio. Más de una vez he tenido que cambiar a música Chill-Out durante unos minutos, a fin de no arrancarle la cabeza de un mordisco al que me abriera la puerta en mi destino.

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