En estos momentos voy camino de Málaga en el AVE, y voy armado. Soy un BOFH de destrucción masiva, y por poco no me dejan coger el tren.

Me explico: Siempre que subo a Madrid a instalar o actualizar servidores, me doy un día de margen por si algo se alarga, da problemas, surge de improvisto o ‘casca’, y si todo va bien, pues ese tiempo es para mi asignación personal (normalmente doy un paseico por Gran Vía con la parada de rigor en FNAC). Ésta vez decidí andar un poquitín, que me estoy atrofiando más allá de lo mínimamente aceptable. Y dando un ‘paseito’ por el ‘Paseo’ del Prado (ríanse) me encontré con el paraiso de todo friki metalero (El señor de los anillos, warcraft, etc.): una tienda con elementos de pura artesanía toledana. Para el que no lo sepa, en Toledo hacen desde espadas de la época de Alatriste, hasta reproducciones de todo lo relacionado con ‘El señor de los anillos’. Todas reproducciones, pero con pinta de estar bien hechas. El que tuvo retuvo.

Decidí entrar a buscarle algo a la mia mamma, y de paso, un pequeño caprichito para mí. El caprichito mide medio metro, encajaría perfectamente en una película de ninjas y tiene nosequé nombre, pero si no lo es, se parece mucho al cuchillo ceremonial japonés para hacer seppuku o hara-kiri. Es una reproducción, pero tiene pinta de cortar como un jamonero. Ya os contaré.

Total, que enfilo para la estación de Atocha, recogiendo mi maleta en el camino, más contento, imaginándome ya el trasto encima de la mesa del despacho, a modo de advertencia para lusers molestos. Un BOFH armado es un BOFH poco paciente con los lusers. Yo bien, yo contento, yo feliz. Hasta que llego a la zona de seguridad, saco el billete… y cojo la maleta y las bolsas para pasarlas por el arco.

Ups. El arco de seguridad. Me da que los ‘pinchos’ japoneses, típicos del siglo 12 no encajan muy bien en el equipaje considerado ’seguro’.

El del aparato de rayos, cuando pasa mi bolsa con los pendientes de mi madre, un soporte de madera desmontado, y ‘otra cosa’ con pinta de atrezzo de película de Tarantino, me mira con cara de ‘ya la hemos jodido, para 10 minutos que me quedaban de mi turno’. Veo como aparece de la nada una mujer, guardia jurado también, y con pinta de ser la que está al mando, cortándome ’sutilmente’ el paso.

“Lleva un cuchillo. Tan largo como un brazo. Y con filo. Y punta.” Y yo poniendo cara de ‘mirusté señó agente, de verdá que no sabía que el límite de la autovía no era 150′. Y pensando en qué decir si me llevaban al cuartelillo; que me he dejado barba, y con barba yo cojo aspecto de terrorista argelino.

Pregunto si hay alguna mensajería en la estación, para auto-enviarme el trasto (ya sabía yo que la película SWAT tendría alguna utilidad). Que no, que si acaso llame a algún familiar y eso. Y yo ya me veía pensando en a qué amigo le iba a j*der el sábado.

Total, que al final me han dejado pasarlo eso si, mirando el ticket, tomándome el DNI y el nº de asiento en el tren, supongo que para luego poner fácilmente en el parte el nombre del psicópata que se lió a cuchilladas en medio del viaje.

Y en estos momentos estoy atravesando Castilla, con un cuchillo ceremonial japonés en la maleta, y poniendo mi mejor cara de ‘no he roto un plato en mi vida’.

Y menos mal que no compré una katana (muy grande y algo cara), o uno de los de ‘verdad’ ,7 veces más caros, y esos SI que cortaban y SI que tenían filo…

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